Exhibición
Sonia Ruiz: Retratos 21 DE FEBREO A 04 DE ABRIL, 2026Sonia Ruiz
por Andrei Fernández
Antes de ser técnica territorial y curadora, estudié pintura. Me animo a decir, incluso, que fui pintora. Esto comenzó cuando todavía era una niña. Fue gracias a la existencia de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Tucumán, donde pasé mi adolescencia conociendo pigmentos, texturas, gestos, ritmos, volúmenes, sombras. Al principio me enseñaron a mirar fijamente una caja de cartón forrada de blanco, para desarrollar la capacidad de copiarla. Comprendí así, después también copiando flores, la importancia de prestar mucha atención a las distancias entre los contornos de las formas, que son otras formas. Para ver dónde un color se encuentra con otro, dibujar ahí una línea. Para sostener el pulso que traza la huella de un punto en movimiento, como comprendía Kandisky las líneas.
En ese proceso de descubrimiento de la potencia en el mirar y en el representar, llegué también al señalamiento de Paul Klee, de que no se trata de reproducir lo visible, sino que se trata de “volver visible”. En ese tiempo me encontré con algo que no sé nombrar, ni tampoco supe dejar atrás. Fue entonces que conocí a Sonia Ruiz. Pasaron 30 años, y ahora estoy escribiendo esto para acompañarla en la presentación de una serie de pinturas, que considero dan cuenta de una vida entera, su vida, pintando. Ella sí se animó a convivir con las fuerzas extrañas que la pintura te hace conocer, esa es su familia. Hoy presenta en Buenos Aires un grupo de obras que abren al público una extensa, paciente, silenciosa y a la vez descomunal investigación de posibilidades de formas, tratamientos de superficies, modos de hacer pinturas. La exposición se llama Retratos.
A lo largo de la historia del arte, el retrato pareció ser el género de la pintura con una finalidad precisa, la tarea de la semejanza, la reafirmación del poder, la construcción de la identidad, la intención de la permanencia. Es sabido que el retrato es mucho más que la simple captura de una fisonomía, es un campo de tensiones entre lo que se ve y lo que se quiere hacer ver. En la práctica de Sonia, el retratar está siempre unido al manipular. Transforma escenas cotidianas con estiramientos y desdoblajes de las imágenes que componen cuerpos.
Sonia pinta situaciones de las que es parte, pero de las que se desprende. Da imagen a algo que, sabe, atraviesa a sus personajes, no como una narrativa sino como una especie de ánimo, animosidad también. Más que la mímesis, que domina con maestría, busca, en el laborioso trabajo de las superficies, un clima, de un cierto peso, y pesar. Trabaja con imágenes de su entorno afectivo más próximo, sus familiares y su pueblo en Tucumán, donde creció y a donde siempre vuelve: Bella Vista. Uno de los pueblos azucareros tucumanos que fue escenario de la rebelión obrera en el siglo XX, uno de los pueblos que ardió.
Entre cerros y cañaverales, Sonia encuentra “lo familiar”. En Tucumán, y en especial en sus territorios rurales, “el familiar” es también la forma de nombrar a un perro negro gigante, de ojos rojos y cadenas rotas, que devora obreros por un pacto con los dueños del ingenio azucarero. En nuestra generación, el familiar fue además la representación del miedo, la figura con la que nos enseñaron a tener miedo para mantener el silencio.
Sonia se propone la tarea de crear imágenes que vibran desde el propio color, retratando, también, temperaturas. El calor, la humedad, la violencia silenciada, se imprimen en los cuerpos. Nicolás Cuello señaló que Sonia incorpora en su obra el excedente, lo que se contradice, lo que (le) hace daño. Considero que eso también da lugar a formas de contacto a partir de la creación de fantasmagorías que componen las propias condiciones de su posibilidad. En las pinturas de Sonia, se devela un espacio físico de interacción con lo que la rodea y atraviesa. Abre, a su vez, la posibilidad de modificarse a ella misma. Porque cada una de nosotras va construyendo su historia, una forma propia de mirar y de reconocernos, una forma de presentarnos y cuidar, a su vez, nuestros misterios.
San Miguel de Tucumán, febrero 2026
SOBREMESA CON SANDÍA, 2023
Óleo sobre tela
51 x 41 cm
DESPUÉS DEL TRABAJO, 2023
Óleo sobre tela
70 x 50cm
BRUNO Y LA LISIADA, 2023
Acrílico sobre tela
51 x 41 cm
ANITA EN LA VENTANILLA, 2026
Óleo sobre tela
150 x 120 cm
SOBREMESA EN BELLA VISTA, 2025
Óleo sobre tela
154 x 199 cm
ASADO, 2026
Óleo sobre tela
81 x 61 cm
ASADO EN LO DE LAURA, 2025
Óleo sobre tela
138 x 88 cm
VIDEOLLAMADA CON ERNESTO, 2025
Óleo sobre tela
138 x 99 cm
ANITA CON ACEITUNA Y EL PERRO RATA, 2025
Óleo sobre tela
130 x 193 cm
ERNESTO EN LA VEREDA, 2026
Acrílico sobre tela
111 x 85 cm
LAURA RIENDO, 2025
Acrílico sobre tela
55 x 46 cm
ALMUERZO EN LA FERIA DE SIMOCA, 2025
Acrílico sobre tela
90 x 110 cm
EL BREAKUP, 2026
Acrílico sobre tela
48 x 210 cm
VISTA DESDE LA VEREDA, 2026
Acrílico sobre tela
55 x 225 cm
LA RESACA, 2026
Acrílico sobre tela
55 x 225 cm